La Industria Discográfica. Un ejemplo, entre otros, de sistema abierto e innovador.


Como estudiante en Ciencias de la Comunicación he sido formado, paradójicamente, sobre la base de que las industrias de la cultura, ya sea editorial, películas, o discográfica, tienden todas, en un único movimiento a monopolizar en pocas compañías el mercado y, por ende, a homogenizar los bienes que producen teniendo como única meta la búsqueda frenética y sistemática del lucro. Se trata de teorías e ideas que se remontan a mediados del siglo XX y cuyo representante más conocido es el teórico alemán Theodor Adorno, miembro decisivo de la Escuela de Frankfurt, una organización académica que se dedicó a analizar la cultura desde una perspectiva que mezclaba el psicoanálisis con un marxismo particular, distanciado de la ortodoxia comunista pero igualmente con puntos en común con aquella. El concepto clave que daba cuenta de esta idea pesimista sobre la cultura en el capitalismo es el de Industria Cultural.

Qusiera exponer un ejemplo resumido de cómo esta hipótesis, pesimista y poco sincera respecto de la evolución de algunos mercados e industrias, resulta poco práctica y realista. El mercado del rock nos puede orientar un poco al respecto.

A mediados del siglo XX, con la irrupción del rock n’ roll de la mano de Elvis, Chuck Berry, Bill Halley, Buddy Holly y otros, irrumpieron en el mercado discográfico los sellos independientes. Sellos que aprovechando la falta de oferta de esta música en la radio y en los discos, y con un trato más ameno y de respeto con el artista, ficharon a la mayoría de los músicos y así, irrumpieron en un mercado dominado en ese entonces por las grandes discográficas. El terremoto en el negocio se hizo sentir, y es que hasta ese entonces, antes de este cambio, las cuatro grandes compañías discográficas (RCA Victor, Columbia, Decca y Capitol) habían mantenido el control efectivo del mercado de la música mediante un sistema cerrado, en el que la producción y la distribución de los discos y habían producido una música popular generalmente homogénea y estandarizada. El nuevo mercado competitivo socavó el control efectivo de este oligopolio. Las innovadoras compañías discográficas independientes comenzaron a comercializar música nueva y diversa para el consumidor y a aprovechar la "demanda insatisfecha" del mercado de la música popular. Es la época de la explosión de innovación y diversidad en la música popular de finales de los años 50 y 60. Desde Elvis hasta los Beatles, desde Chuck Berry hasta los Rolling Stones y Led Zeppelin.

Frente a este escenario, algunos analistas concluyeron que la innovación y la diversidad dependen en gran medida del grado de "concentración del mercado". Argumentaron que una alta concentración del mercado conduce a la homogeneidad y la estandarización, mientras que una baja concentración del mercado (mercado competitivo) conduce a la innovación y la diversidad. Estas ideas presuponen que la industria discográfica, como las restantes industrias, al tener una tendencia de oligopolización de su mercado tendía a la homogeneidad, siguiendo en cierto sentido las ideas de Adorno sobre la industria cultural en su conjunto. La explicación que daban a este panorama de innovación que emergió en los 50s es que de vez en cuando en el mercado irrumpe un panorama reprimido de necesidad de novedades que empuja temporariamente a toda la industria a nuevas prácticas y a la innovación. Y anunciaron una nueva tendencia de reogopolización durante la década de los 70s.

Frente a esta hipótesis, algunos especialistas como el sociólogo Paul Lopes, afirmaron que desde finales de la década de 1960, las grandes compañías discográficas habían reaccionado a la irrupción de los sellos independientes estableciendo una estrategia para desarrollar y producir música contemporánea muy diferente a la que utilizada anteriormente: en lugar del sistema "cerrado" de desarrollo y producción interna característico de los años 40s y 50s, las grandes compañías discográficas han establecido un sistema "abierto" que incorpora una serie de divisiones de sellos semiautónomos dentro de cada compañía, que luego establecen vínculos con sellos independientes más pequeños y productores discográficos independientes. Y al contrario de lo que se creía, el escenario descripto se ha convertido en una práctica institucionalizada para las principales compañías discográficas. En primer lugar, esta estrategia garantiza a las grandes compañías discográficas los grandes beneficios financieros de monopolizar el proceso final de producción y distribución de la música popular. En segundo lugar, al establecer vínculos con un gran número de productores musicales, muchos de los cuales tienen una relativa autonomía en relación con las grandes compañías discográficas y sus divisiones de sellos, las grandes compañías discográficas pueden responder a la "imprevisibilidad" del mercado musical y garantizar que los nuevos artistas y estilos musicales de éxito se incorporen rápidamente al mercado de la música popular que controlan efectivamente. Una especie de reogopolización con radares y redes de negocio heterogéneas para detectar novedades sobre el terreno e impedir que se “escapen” las novedades.

Entonces, sí. Las grandes compañías discográficas llevan décadas de control oligopólico efectivo e indiscutible sobre el negocio discográfico, pero han seguido utilizando un sistema abierto de desarrollo y producción. Un sistema sistema abierto que ha producido niveles significativos de innovación y diversidad en la música popular contemporánea

Por lo tanto, y ya en este panorama actual de redes sociales, con mayor pregnancia en el terreno para absorver cualquier novedad que aparezca. Y con el avance tecnológico, que posibilita modos económicos de grabación, y con apps como Spotify, Soundcloud, YoutubeMusic, o Apple Music, este escenario que describía Lópes a finales de los años 80s es hoy algo diferente, la industria discográfica actual se se trata de un sistema abierto con un aumento en la independencia y la capacidad de los artistas para controlar su propia carrera y llegar a su audiencia de maneras diversas, a pesar de las polémicas relativas a los porcentajes de ganancias que cada actor se lleva en el negocio. Pero esto ya es otro problema muy gordo que será parte de otro “episodio”.

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