Narcotráfico y terrorismo: ¿Qué es el Captagon?
Hace pocas semanas, cuando el atentado terrorista perpetrado por Hamas en Israel ya había sucedido, volvió a salir a la luz el nombre de una sustancia que las tropas israelíes encontraron en la ropa de los terroristas: el Captagon.
Se trata de una droga que en las noticias de occidente trascendió luego de los atentados terroristas de Daesh (o ISIS) en territorio francés en el año 2015 ¿El motivo? Las fuerzas de seguridad francesas allanaron las habitaciones del hotel en Alfortville en París, donde se alojaban el jefe del operativo terrorista y sus hombres, y encontraron entre otras cosas dosis de Captagon. En efecto, y como lleva señalando la Oficia de Naciones Unidas contra la droga y el Delito (UNODC), desde 2010 el estallido de la Guerra Civil Siria ha hecho aumentar exponencialmente la producción y el tráfico de esta droga adulterada con otras sustancias, simplificando su producción y abaratando su coste en el mercado negro. Específicamente para el caso del Captagon, esta operación presupone un doble beneficio para estas organizaciones criminales: por un lado significa una importante fuente de financiación para estos grupos que operan en la zona como Daesh (Estado Islámico) en su momento y ahora Hamas y presumiblemente Hezbollah. Por otro lado, esta versión del Captagon está siendo utilizada directamente sobre los propios combatientes terroristas aprovechando sus efectos psicoactivos y estimulantes para inducir a los soldados en una mayor agresividad, mejora cognitiva y estado de alerta, aumentando su eficacia militar.
El Captagon originario es la marca de medicamento psicoestimulante que comenzó a comercializarse en la década de los sesenta. Su compuesto activo era la Fenetilina, un profármaco sintetizado por primera vez en 1961 por la farmacéutica Alemana Degussa AG. Se demostró además que una de sus principales ventajas era que no elevaba la presión arterial como las anfetaminas, por lo que resultaba más idóneo para tratar a pacientes con enfermedades cardíacas.
En la actualidad en la mayoría de las pastillas del supuesto “Captagon” que se decomisan en aquellos países donde el consumo de esta droga está más generalizado (Jordania, Siria, Irak, Arabia Saudí…) se ha llegado a prescindir del uso de la Fenetilina en la composición, por lo que se trata de una copia adulterada que nada tiene que ver con la fórmula original. Recientemente, el Departamento de Control de Drogas de Jordania analizó 124 lotes incautados de pastillas de Captagon. Los resultados demostraron una presencia mayoritaria de anfetamina, cafeína y otras sustancias, al mismo tiempo que una ausencia de Fenetilina. Entre las sustancias detectadas en el análisis se encuentran: anfetamina, metanfetamina, efedrina, cafeína, metronidazol, teofilina, procaina y la cloroquina, entre otros. La exposición del organismo humano a la Fenetilina produce una serie de efectos tóxicos similares a los producidos por la anfetamina, siendo ambos considerados estimulantes del sistema nervioso.
En dosis moderadas, la anfetamina provoca un aumento de la frecuencia cardíaca, de la temperatura corporal, respiración acelerada y alta presión arterial. Inicialmente puede producir también dilatación bronquial, aumento de energía y supresión del apetito. Sin embargo, a largo plazo el uso de anfetaminas puede ocasionar una serie de efectos secundarios entre los que se incluye un estado de depresión extrema, letargo, falta de sueño, intoxicación cardíaca y vascular y desnutrición severa. A pesar de esto, al día de hoy ningún estudio científico ha demostrado que el consumo de este Captagon induzca a los que lo toman en un estado de “insensibilidad emocional” o falta de empatía que les lleve a ser capaces de cometer crímenes atroces sin presión psicológica y con una agresividad desmedida. Por tanto, si bien es cierto que este tipo de drogas estimulantes otorga una sensación de euforia y desinhibición, resulta prematuro aún vincular su consumo a la realización de actos terroristas como los que vimos hace pocas semanas en Israel. Sin embargo, la utilización hoy de otros compuestos en la fórmula hace que sus efectos sobre el organismo resulten más imprevisibles y con seguridad más peligrosos.
Una dimensión que corre paralela al peligro que significa la existencia de estas organizaciones por sus actos atroces, es su financiación ya que en en la actualidad el tráfico de drogas y otras sustancias tóxicas se ha convertido en una importante fuente de ingresos para la financiación de grupos terroristas en todo el mundo, desde las FARC en Colombia, pasando por Boko-Haram hasta el Daesh y ahora Hamas.
La proliferación del tráfico de esta droga parece encontrar su origen en el estancamiento casi total de la economía en Siria como consecuencia del estallido de la Guerra Civil. Los diversos grupos terroristas que operan en la zona ya habían comenzado a aumentar y diversificar hace algunos años las vías de transporte de la droga a países donde su consumo se encuentra en expansión. Arabia Saudita era hasta hace poco uno de los principales destinos de la misma aunque no el único.
Por lo tanto, la sustancia requiere de un enfoque global dado su significado e importancia para las organizaciones terroristas, además de ser un problema de salud pública. En lo que se refiere a su papel de “facilitador” de atrocidades por parte de los terroristas, su papel aún está por verse. Parece más realista pensar su consumo como un desinhibidor energético y un supresor del apetito que facilita la concentración y el rendimiento en momentos críticos.
Seguramente volvamos a oír de ella en los próximos meses.

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